Género y Competitividad: “por estrategia de desarrollo y crecimiento, necesitamos una mayor participación de las mujeres en los negocios” — Palabras de Fernando López Fernández, Presidente de AILA, en el X Foro de Competitividad de las Américas

Género y Competitividad: “por estrategia de desarrollo y crecimiento,  necesitamos una mayor participación de las mujeres en los negocios” — Palabras de Fernando López Fernández, Presidente de AILA, en el X Foro de Competitividad de las Américas
noviembre 23 14:49 2017 Print This Article

En el marco del X Foro de Competitividad de las Américas, Fernando López Fernández, Presidente de AILA, participó en el panel de “Género y Competitividad” junto con Stephenie Foster, Ex-Asesora Senior del Departamento de Estado de EEUU y Socia Fundadora de Smash Strategies, Lorena Cruz Sánchez, Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) México y Andrés Yurén, Especialista Regional de la OIT para América Latina y el Caribe.

A continuación les compartimos el discurso:

“Muy buenos días a todos.

Primero que todo, quiero agradecer a la Red Interamericana de Competitividad (RIAC), a la OEA y en esta ocasión a la Secretaría de Economía de México, por la invitación y la organización de este Foro de Competitividad que continúa ese esfuerzo de intercambio de experiencias exitosas y definición de estrategias en la búsqueda de un mayor y más rápido desarrollo de nuestros países.

Empiezo recalcando que hombres y mujeres tanto desde la parte empresarial como desde la perspectiva laboral y gremial,  comparten en general principios como:

  • Defender y fomentar la certeza jurídica, los principios de la libre empresa y propiedad privada
  • La facilitación del comercio
  • El combate a la corrupción

Y toda una serie de temas fundamentales sin los que no se genera ni la confianza necesaria ni el clima de negocios conducente a la inversión.

Ahora bien, más allá de todos ellos, entendemos claramente que como gremios empresariales tenemos un compromiso no sólo con todos nuestros asociados sino, sobre todo, con los países y con las sociedades en que desarrollamos nuestra actividad.

Un compromiso con el crecimiento y el desarrollo económico y social de nuestros países, de sus habitantes, que nos obliga a estudiar, definir y poner en práctica acciones que contribuyan activamente a los mismos; que nos obliga a promover la competitividad en todas sus aristas de eficiencia, capacitación e innovación.

Estoy seguro de que todos ustedes tienen muy presentes las diversas variables que condicionan la competitividad, pero hoy hablamos específicamente de uno.  De género, de la participación de la mujer.

En América Latina tendemos a sobre analizar las cosas.  Tenemos diagnósticos repetitivos sobre cientos de temas,  elaborados por diversas instituciones nacionales e internacionales y esta no es la excepción.

Nuestro problema suele ser la ejecución y la obtención de los resultados que en algún momento nos pusimos como objetivo.

Así que me voy a permitir muy rápidamente repetir cosas que ya todos sabemos y voy a tratar de agruparlas en tres rubros

  1. ¿De dónde venimos?
  2. ¿Qué queremos?
  3. ¿Por qué no lo hemos logrado y qué hay que hacer?

 

¿DE DONDE VENIMOS?

En muchas de nuestras sociedades la mujer ha sido un ciudadano de segunda categoría.   Esta es una situación que sigue siendo real en algunos países de Latinoamérica y en otras latitudes, aunque es, afortunadamente, una realidad que está cambiando. Para mencionar un ejemplo lejano pero que seguro cuenta con paralelos, baste con recordar la historia de Malala, su sacrificio y su lucha.

Y aquí es importante recordar que hay más de una Latinoamérica.  Una muy avanzada y que se mueve al ritmo de países desarrollados, y otras cuyas actividades y oportunidades siguen siendo marginales. En muchos casos eminentemente agrícolas con rezagos culturales y enfoques religiosos conservadores.

El informe global de la brecha de género del Foro Económico Mundial suele ser una de las formas más claras de ver la situación comparativa entre hombres y mujeres.

Sin que entremos en detalles, hay 11 países entre los 50 primeros y sólo 3 por debajo del puesto 100.  En algunos,  la brecha está prácticamente cerrada en educación y salud y en los demás los números están arriba del 90%.

Es en el área de oportunidades económicas (mercado laboral, salarios, presencia en puestos directivos), y en la de empoderamiento político donde seguimos quedando en deuda.

 

Hablemos de las oportunidades económicas.

La participación de las mujeres en el mercado laboral fluctúa (según el estudio que escojamos), entre el 50 y 60% aunque con cierta tendencia a estancarse.

Siempre me encanta recordar que cuando a Warren Buffet le preguntaron que por qué era tan rico, contestó que entre otras cosas porque sólo le había tocado competir contra la mitad de la población.

Existen claras desigualdades salariales.   Las mujeres reciben menos pago por trabajos similares.

Un estudio del BID (2011) demostró que los hombres en Latinoamérica ganaban un 17% más que las mujeres aun cuando ambos tuvieran la misma edad y nivel de educación universitaria

Y por último, el incremento de empleo y educación no ha conducido a un aumento proporcional en el poder económico y social de las mujeres ni a que tengan una presencia importante a nivel directivo.

Es lo que es.

 

¿QUE QUEREMOS?

Sociedades y países exitosos.  Mejor nivel de vida, más desarrollo, eliminación de la pobreza.   Todo ello requiere que generemos las condiciones para ello y que aprovechemos todos los recursos que tenemos.

Y, sin embargo, en un mundo cada vez más competido, donde el recurso humano cada vez hace más la diferencia,  nos hemos estado dando el lujo, hasta ahora, de desperdiciar la capacidad y el talento de un gran sector de la población. 

En su documento de términos de referencia para el Grupo de Trabajo sobre género y competitividad, que se formó a partir del 2015, la RIAC nos recordaba que:

Las mujeres y su capacidad de participar en la toma de decisiones, iniciar y hacer crecer negocios, crear puestos de trabajo y aumentar la productividad son vitales para el desarrollo económico.

La existencia de barreras de género que limitan el potencial económico de las mujeres como trabajadoras y emprendedoras tiene un impacto negativo en los ingresos, la innovación, el desarrollo empresarial, la productividad y la competitividad

  1. Los países con mejores entornos para las mujeres también tienden a ser más competitivos
  2. En vista de los niveles generalmente bajos de productividad de nuestra región, tener más mujeres capacitadas como líderes, emprendedoras e innovadoras es una propuesta beneficiosa para el desarrollo económico.

Y poniendo números, ayer en la reunión general de la RIAC, Alejandro Delgado, el director del Instituto Nacional del Emprendedor aquí en México, nos contaba que las mujeres que han acudido a sus programas tienen una rentabilidad neta 14.5% por encima de la de los hombres.

Y esto es algo que sucede no sólo a nivel de emprendimientos iniciales sino también de empresas multinacionales que cotizan en bolsa.  Aquellas en las cuales hay una mayor participación de mujeres en sus procesos de decisión, están generando mejores resultados.

No sólo es justo, sino absolutamente necesario, que las compañías, cultiven la participación de la mujer de manera activa.

Esto debe ser una prioridad porque como ya decíamos, son un elemento crítico del pool de talento, del mercado de consumo y del proceso de liderazgo y decisión.

Aportan distintos valores, prioridades, necesidades e intereses y cuando un grupo controla hasta el 80% de las decisiones de compra de cualquier familia,  las empresas no deben ni pueden ignorar ese vital aporte a la hora de definir sus productos y servicios.

Las organizaciones que van a ser competitivas en el futuro son aquellas que estén en la punta de lanza de la administración de talento, las que mejor promuevan y retengan el mismo.  Y ese talento, de continuar las tendencias en educación, será mayormente de mujeres.

Aquí sí me permito agregar que aun cuando eso último es una realidad, que las mujeres sean mayoría en los estudios de nivel universitario, y que sus resultados académicos sean mejores, si es importante hacer ver que ante un futuro en el que hablamos de una economía digital, de 4ª generación, o de la 4ª revolución industrial, su participación en lo que se denomina STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), es todavía muy baja.

Y esto sucede incluso en países desarrollados.  El año pasado, como parte de una de las visitas del ACE (American Competitiveness Exchange), que me permito recomendarles y que coordina la RIAC,  a Ontario, Canadá,  la Decana de Ingeniería de la prestigiosa Universidad de Toronto se quejaba del escaso porcentaje de mujeres que ocupaba puestos de liderazgo en la facultad y las que eran profesoras.    Pero eso no era más que una consecuencia de que a nivel estudiantil, la participación de las mujeres en Ingeniería sigue estando por debajo del 20%.   Difícil reducir aquella brecha mientras no se reduzca esta.   Y es algo que lleva años.

Pero en resumen, en pocas palabras, y sin entrar a temas filosóficos o de justicia, simplemente por estrategia de desarrollo y crecimiento,  necesitamos una mayor participación de las mujeres en los negocios.

 

¿POR QUE NO LO HEMOS LOGRADO Y QUE HAY QUE HACER?

Hasta ahora hemos hablado de la parte fácil.  Esta es la difícil.  Es una realidad que las mujeres no están alcanzando los niveles superiores de las jerarquías organizaciones (y por lo tanto no logran acceder a puestos de trabajo con sueldos superiores y mayor influencia).  Es un fenómeno que se repite a nivel del empoderamiento político.

Y es que, hasta la fecha, con contadas excepciones, la diversidad de género no ha sido una prioridad estratégica para los líderes empresariales o políticos en Latinoamérica.

Requerimos de una decisión, desde los diversos liderazgos, de aportar su tiempo, esfuerzo y recursos para conseguir esa participación.

Requerimos también de una revisión que es más bien cultural.    Como manejar el equilibrio entre la vida personal y la profesional. 

Todos tenemos claro que en América Latina los hombres no contribuimos significativamente a la vida de hogar y el cuidado de los hijos recae primordialmente en la mujer.  El balance de roles, o su manejo, precisamente en los años de mayor crecimiento profesional es fundamental.  

Es también claro que tratamos a las niñas de manera muy diferente que lo que lo hacemos con los niños y condicionamos su actuación futura y los sesgos que puedan tener sus comportamientos.

Decidir el curso de acción que cambie este balance y estos estereotipos es una tarea de la sociedad.

Para terminar, quisiera hacer un llamado a la empresarialidad.

El porcentaje de mujeres que emprende en Latinoamérica se ha duplicado en los últimos 20 años.  Esto se traduce en más puestos de trabajo, mayor reducción de pobreza (y es conveniente mencionar que la mujer tiende a usar un mayor porcentaje del dinero generado en educación, salud y bienestar familiar que lo que lo hacen los hombres) y mayor crecimiento económico.   Es una vocación que debemos impulsar y ojalá hablemos de que sea emprendimiento por oportunidad, el que nace de identificar necesidades, satisfacerlas y crecer como empresa a partir de ese éxito inicial,  y no del emprendimiento por necesidad que simplemente busca ajustar los ingresos familiares para el fin de mes.

El reto está claro y debemos enfrentarlo.

Muchas gracias y buenos días”.

 

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    Asociación de Industriales Latinoamericanos / Associação da Industria Latino-Americana

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